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LAS OLAS DE CALOR

El calentamiento global está provocando olas de calor cada vez más frecuentes y graves. Es sabido que éstas tienen un serio impacto en la sociedad, incluyendo un aumento de la mortalidad, una mayor presión sobre los sistemas de energía, agua y transporte, y un crecimiento de la perturbación social. Las infraestructuras críticas tales como sistemas de agua potable y la electricidad tienden a fallar en condiciones de alta demanda, con los cortes de energías se incrementa considerablemente el número de personas en riesgo. El personal de emergencia y los centros de salud suelen sentirse abrumados ante una crisis de tal magnitud.

Las olas de calor o periodos de calor anómalos, no afectan a todo el mundo del mismo modo; hay sectores de la sociedad que son más vulnerables e indefensos a los efectos de las altas temperaturas: adultos de la tercera edad, más aún si viven solos, personas con enfermedades preexistentes, con capacidades de movilidad limitadas, con enfermedades mentales o en situación de calle. En las ciudades las olas de calor amplifican sus efectos debido al fenómeno conocido como “islas de calor” que puede significar el incremento de las temperaturas más de 3 a 5 °C o incluso más, además puede significar que las ola de calor se extienda por más tiempo que en zonas rurales.

Puesto que hay muchos factores que explican el impacto de una ola de calor, sus consecuencias se definen no sólo por el clima, sino también por el contexto social y económico de la ciudad donde ocurra. Cada ciudad o distrito tiene su propia definición de “ola de calor” en función de los efectos que tienen las altas temperaturas sobre sus ciudadanos.

De acuerdo con la Organización Meteorológica Mundial (OMM) una ola de calor se produce cuando "la temperatura máxima diaria de más de cinco días consecutivos supera la temperatura máxima promedio en 5 ° C (9 ° F), el período normal de ser 1961-1990". En Holanda y Bélgica, por su parte, se asocia a un "período de por lo menos 5 días consecutivos en los que la temperatura máxima excede 25 ° C (77 ° F), a condición de que en al menos 3 días de este período, la temperatura máxima en exceda 30 ° C (86 ° F) ". Australia tiene diferentes definiciones según el estado, en Adelaida, por ejemplo, se define como "cinco días consecutivos en o por encima de 35 ° C (95 ° F), o tres días consecutivos en o más de 40 ° C (104 ° F)", mientras que en Melbourne que se declara cuando el promedio entre la alta y la baja del día siguiente al día de supera un cierto umbral que depende del distrito.

Como podemos ver, las definiciones varían , pero en general se requieren temperaturas por encima de un determinado umbral para un número de días consecutivos (generalmente 2 o 3).

En BerecoLabs estudiamos el registro de temperaturas de la Ciudad de Buenos Aires y consideramos distintas definiciones de “ola de calor” para entender con qué frecuencia se han presentado estos fenómenos y también si esa frecuencia está aumentando. La Figura 1 es interactiva, te invitamos a probar seleccionando una temperatura máxima mínima (que haya sido igualada o superada) y la duración en días consecutivos para esa temperatura, y ver cuándo se presentaron dichas “olas de calor” en la ciudad de Buenos Aires en los últimos años.

Figura 1. Esta animación interactiva permite visualizar la ocurrencia de “olas de calor” en la Ciudad de Buenos Aires según diferentes definiciones para los datos desde 1998 hasta 2014. Para utilizarlo debe seleccionar la temperatura máxima y mínima (igualada o superada) y la duración de las “olas de calor” .

Figura 2. Frecuencia de las olas de calor para la Ciudad de Buenos Aires (1998-2014). Como puede apreciarse hay un incremento en la ocurrencia de “olas de calor” en los últimos años.

La previsión es capacidad clave para dar una respuesta de emergencia apropiada a las “olas de calor”. Mientras que los pronósticos pueden aumentar drásticamente la eficacia de la respuesta, también es cierto que la precisión se pierde cuanto más lejos nos encontramos del evento y el riesgo de llamar a una falsa alarma también aumenta.

En la Figura 3 se compara la predicción de la ocurrencia de una “ola de calor” con 3 días de anticipo, respecto de lo que efectivamente ocurrió.

Figura 3 Comparación entre el pronóstico y la ocurrencia real de las “olas de calor” en el área metropolitana de la Ciudad de Buenos Aires.

La capacidad de comprender y predecir las olas de calor es también clave para poder generar políticas que aumenten la resiliencia de las ciudades, y que favorezcan y ayuden a las personas más vulnerables a los fenómenos climáticos extremos. En BerecoLabs estamos desarrollando conocimiento y abordajes para lograr estos objetivos.