Agua y energías no convencionales (fracking) en Argentina.


Argentina tiene la segunda reserva mundial de (gas de esquisto) shale gas detrás de China y la cuarta en shale oil (petróleo de esquisto) detrás de Rusia, EEUU y China. Al mismo tiempo el país enfrenta un déficit estructural de energía significativo estimado en el 3% de su PBI que representa una restricción a su crecimiento en los próximos años. Así, la energía no convencional parece una alternativa viable y estratégica para el país. Sin embargo: ¿cuáles son posibles impactos ambientales en relación con el agua y el cambio climático?

Un estudio del USGS muestra que la demanda de agua para fracking creció en más de 28 veces en los últimos 15 años en EEUU, en coincidencia con el aumento de la producción de petróleo y gas de estas reservas no convencionales. En la Figura 1 se pueden ver las principales reservas en EEUU y la demanda de agua en m3 por pozo que llega a superar los 36000 m3/pozo.


Figura 1. Uso de agua para fracking en EEUU (Fuente: USGS).


EL USO DEL AGUA PARA EL DESARROLLO DE FRACKING EN ARGENTINA


Preocupaciones Ambientales:

Las preocupaciones ambientales vinculadas con la explotación de hidrocarburos no convencionales se encuentra principalmente vinculada con la utilización de agua, un recurso escaso en la región, y las consecuencias que dicha tecnología pueda tener en la contaminación de acuíferos y del suelo circundante entre otras. En la Figura 2 se ilustra lo previamente mencionado.

Uno de los interrogantes radica en el hecho de que las perforaciones puedan contaminar los acuíferos de los cuales las poblaciones extraen agua para el consumo. Según RAE (Royal Academy of Engineering, Reino Unido) el riesgo de que las fracturas generadas por el fracking se propaguen y contaminen los acuíferos es reducida, pero gran parte del éxito del proceso radica en que el pozo sea diseñado, construído y finalmente desactivado al final de su vida útil siguiendo las mejores prácticas y técnicas disponibles. Dentro de éstas se encuentra la obligación de realizar exhaustivas mediciones de contaminantes en el agua subterránea de cada yacimiento. Cabe mencionar que para el caso de la Argentina los yacimientos se encuentran a una profundidad mucho mayor (mayor a 1000/1500 m) que en USA (menor a 500 m). Esto significa menor impacto en acuíferos superficiales, pero también mayores costos de desarrollo y explotación.

Por otro lado, en cuanto a los volúmenes de agua requeridos empleados para realizar las fracturas, radica otro de los grandes conflictos de esta técnica de extracción de hidrocarburos no convencionales. Si bien la Corporación Minera de Neuquén, basados en información hidrográfica estadística, establece que los 25000 a 35000 m3 que requiere cada perforación no son significativos en la eventual afectación que dicho recurso podría tener en la disponibilidad de agua para consumo humano (ya que representa alrededor del 0.2% de los recursos hídricos superficiales disponibles, aunque el impacto total será función de la cantidad de pozos que se desarrollen). No obstante, cabe resaltar que los valores mencionados previamente corresponde al volumen requerido por pozo en su vida útil, y que consecuentemente el impacto será proporcional a la cantidad de pozos que se exploren. Para un estimado de explotación en régimen de Vaca Muerta esto puede implicar llegar a un valor en el orden de 300 k m3/s de demanda de agua, valor equivalente al flujo medio del Río Limay.

A su vez el World Resources Institute (WRI) establece que Argentina posee un nivel de estrés hídrico medio en esa región. Aunque esto no resultaría alarmante en el presente, es importante destacar que países como EEUU, pioneros en shale gas han incrementado el uso de agua en los pozos en casi un 3000% con lo cual la situación favorable de la Argentina en este aspecto podría cambiar drásticamente y consecuentemente debe ser contemplada a la hora de explorar estos combustibles alternativos. Este puede ser un aspecto relevante primero evaluado correctamente y que debe ser monitoreado de manera eficaz y continua.


Figura 2. Estrés hídrico vinculado con la explotación de hidrocarburos en Argentina (Fuente: World Resources Institute).

Existe un tercer aspecto vinculado al agua y al fracking: las aguas residuales. Como se mencionó al realizar las perforaciones horizontales se emplean alrededor de 30000m3 de agua promedio que requiere cada perforación. Éstas contienen ciertos aditivos químicos los cuales son recuperados hasta en un 70% junto con el agua que regresa a superficie. Esta agua a su vez se obtiene con otras sustancias y suciedad propia de los compuestos inorgánicos de la roca que ha perforado. Es por ello que resulta de vital importancia tratar los líquidos una vez recuperados, previamente a ser volcados en superficie. Si bien existe legislación a nivel nacional y provincial al respecto, con el fin de evitar desastres como los ocurridos en el Riachuelo, donde la falta de gestión y control sobre los vuelcos domésticos e industriales llevó al completo deterioro y contaminación del cauce, es necesario desarrollar una regulación específica para el control de pozos en explotación y abandonados. Así, el constante monitoreo y sanción frente a cualquier incumplimiento debe ser mandatorio, debe además ponerse en marcha un modelo de gestión de monitoreo y aprobación de acciones. Frente a un escenario de escasez de agua como el que predicen los escenarios de cambio climático para las regiones próximas a la cordillera donde se ubica Vaca Muerta, debe garantizarse el mayor grado de reutilización de dicha agua tratada.

La combinación de costos más elevados, alta necesidad de agua para la explotación y una baja capacidad de reciclado de la utilizada, implica extra riesgos y costos ambientales que deben ser considerados adecuadamente previo al desarrollo, monitoreados y administrados de manera exhaustiva. En cualquier escenario futuro frente a la probable disminución de disponibilidad de agua es necesario considerar el costo de oportunidad de este recurso frente a otros usos aguas abajo o aguas arriba de este desarrollo, tales como el uso para el consumo humano, la agricultura y la pesca, la generación de energía, otros usos industriales, y las demandas de un flujo ecológico para el apropiado comportamiento de los ecosistemas fluviales.

Los temas discutidos, junto con otros de preocupación social, se encuentran detallados en profundidad en un reciente estudio realizado por la Academia Nacional de Ingeniería de Argentina, que ha sido utilizado para este trabajo.

ALGUNAS CONCLUSIONES


En cualquier caso la relación entre las inversiones para aumentar la oferta de energía en Argentina y su ecosistema es clave para garantizar la sostenibilidad ambiental, económica y social en el mediano y largo plazo. Con más del 65% de su territorio con clima árido o semiárido, el agua se transforma en un recurso clave para el país y su futuro. En BerecoLabs estamos estudiando las posibilidades que empieza a ofrecer la tecnología para monitorear los impactos utilizando nuevas tecnologías y también para viabilizar fuentes alternativas de energía que lleven a una matriz energética diversificada y equilibrada en el mediano plazo.